CHOCOLATE, EL CHOCOLATERO Y YO…

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No hay mejor mezcla, o mejor dicho más explosiva, que la de una amante del chocolate con un chocolatero francés medio loco. El resultado no puede sino ser algo maravilloso, entre conversaciones incomprensibles entre los dos y fotos de una que otra locura.

Esa es la maravilla del mi trabajo, siempre tengo la posibilidad de toparme con personajes como él y actuar, nada más y nada menos que como mi verdadero yo: una loca, con complejo de todo, que sabe un poco de cada cosa y, por supuesto, que opine de cualquier tema que le propongan.

Stéphane Leroux es un genio, y más que un chocolatero, es un verdadero artista. Tal como un escultor en la vida real, se mete en su personaje, dedica su mente a una única motivación: su trabajo. Cualquier interrupción -como lo fue mi entrevista- no pueden sino causarle algo parecido a un dolor de cabeza que no dudó ni un segundo en demostrarme…

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Pero quienes me conocen sabrán que jamás me rindo y no hay quién se resista a mis preguntas insistentes, pero confieso que con él se me hizo más difícil la cosa. No fue hasta que comprendió que me sabía sus técnicas de memoria y que había estudiado casi todos sus videos de Youtube, que finalmente se abrió a una conversación de verdad.

Las preguntas y respuestas me importan poco, a mi lo que me fascina es leer entre líneas. Mientras él me mostraba las fotos en su celular y me contaba cómo funcionaba su trabajo, yo pensaba “este huevón es un neurótico, se come todas las uñas”. Más tarde descubrí que es obsesionado con el trabajo, si no está armando su obra solo piensa en ella. Pero lo más gracioso, no es eso, sino que es ver lo feliz que se pone cuando está cerca de ella, es simplemente otro, aunque hayan 17ºC, lleve tres días haciendo lo mismo de sol a sombra… Es feliz y se nota.

El chocolate para él no es un dulce como para el resto de los mortales, es una materia prima tal como la arcilla lo es para el ceramista. A partir de él crea, hace arte y verdaderas esculturas, desde monumentos en Beirut, hasta puentes en Hong Kong, pero lejos lo más importante, al menos para mi son los emblemáticos moais de Isla de Pascua que armaba en mi presencia. Of course, todo es comestible. Él se inspira en la cultura de los lugares que visita, y más allá de eso, rinde un tributo a quienes lo reciben con estas verdaderas obras de arte, que a simple vista parecen de mentira.

Lo más gracioso es su inspiración, pues es todo un ritual. El tipo maneja todos los días desde su casa, ubicada al norte de Francia, hasta su lugar de trabajo en Bélgica en las cercanías de Bruselas. Mientras va manejando le gusta mirar la naturaleza y aprovecha de sacar inspiración para sus esculturas, en las cuales las flores son protagonistas absolutas, especialmente en competencias, o cuando trabaja con maestros pasteleros.

Su amor por el chocolate nació a los 6 años, ya a los 15 estaba estudiando pastelería, y así fue armando una carrera que desde hace 10 años se enfocó por completo en el cacao con su ingreso como uno de los más altos representantes de la empresa Belcolade, la misma que hoy lo trae a Chile a capacitar a los expertos locales.

Pasar un día con este tipo no sólo fue entretenido porque son pocas las veces que vemos cómo son erguidas estas esculturas de chocolate, pero además porque era un entretenido. Una vez que sus manos tocaron el chocolate y pudo ocuparse de hacer lo que más le gusta, logró entrar en onda. Así me contaba mil y un secretos del chocolate, desde cómo modelarlo, trabajarlo, temperarlo, hasta reutilizarlo. Mientras lo seguía interrogando los dos nos comíamos los pedazos de chocolate que caían del bloque en el que tallaba su séptimo moai.

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Son pocas las veces en que uno logra instalarse frente a un entrevistado sin querer salir corriendo, así fue la primera hora con Stéphane sentados en el lobby del Hyatt, sin embargo, confieso que una vez que llegamos a las instalaciones de Puratos, cambió y estuvimos cerca de tener que llamar a Carabineros para que saliera del lugar.

Comprendamos de una vez por todas que los chefs no son pesados, lo que pasa es que si son expertos van a estar indudablemente concentrados en su trabajo, porque les apasiona y a eso se dedican: a hacerlo bien. Por lo mismo, si no logramos entablar una conversación a la primera o a la segunda, quizás resulte a la tercera, lo que hay que tener claro y que trato de no olvidar es conocer al entrevistado, desde qué música escucha, hasta qué lo apasiona en esta vida. Gracias a eso –y obviamente mi locura por el chocolate- logré que el aclamadísimo chocolatero francés me tirara besos a través del vidrio mientras me iba. Quedar más encantada era imposible…Por eso aún me queda muchísimo más que escribir para el especial de chocolate que tendremos con Platos&Copas…

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